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Sesión "La Catrina de Doll... reflexión del Día de Muertos

Los mexicanos reíamos de todo, no sé si eso es un defecto o es nuestra mayor virtud. Me gusta ver ese detalle como una virtud, porque lejos de restar seriedad a las cosas,  la mayoría de las veces solo le ponemos humor a la vida, a lo inevitable, a lo trágico, a lo desagradable, a lo que asusta. No es que nos resignemos, ni que nos conformemos, es que la mayoría de las veces, es más fácil enfrentar los problemas con un poco de humor e ingenio. 

 Quizá estoy equivocada en mi apreciación, a fin de cuentas no soy antropóloga, ni socióloga, ni historiadora, tan solo soy un poquito observadora y admiradora de las cualidades de mi cultura mexicana, por encima de los defectos, que sé que los tenemos y que son muchos. Pero nadie en este mundo se libra de los defectos, ningún ser humano es perfecto. 

El tema de la muerte en México es complejo y hermoso, encierra una cierta dualidad que siempre me ha fascinado.

A los mexicanos también nos asusta la muerte, también la respetamos, la sufrimos, la lloramos, pero también, nos reímos de ella y la desafiamos. Así de compleja es nuestra relación con la muerte. 

Para nuestros antepasados, la muerte solo era una transición a algo mejor, a una nueva vida, por eso enviaban a sus difuntos con sus pertenencias y con comida para el largo viaje. A la fecha, todos esperamos que nuestros difuntos vayan a un lugar mejor, no sabemos si ese otro lugar exista, pero lo deseamos.

Cada 2 de noviembre todo México se pone de fiesta, porque se dice que ese día se les permite regresar a compartir un momento con los que aún estamos vivos, por eso celebramos a nuestros difuntos; no es que nos agrade que se hayan ido, es que nos da gusto haberlos tenido y los honramos haciéndoles un altar en donde ponemos todo eso que disfrutaban en vida para que absorban su esencia: su música, su comida favorita, su ropa, sus efectos personales, les ponemos hasta tequila. Otros van a visitar el lugar donde se deposito el cuerpo físico del ser querido y los panteones normalmente lúgubres, se llenan de algarabía. 

Por otra parte, además de aprovechar el 2 de noviembre para honrar a nuestros difuntos, aprovechamos para pensar en la muerte y no solo en el sentido trágico o melancólico. Al contrario, le ponemos rostro a la muerte, le ponemos sombreros llenos de flores, le dibujamos sonrisas, la pintamos como una dama increíblemente elegante e incluso jocosa. Comemos calaveritas de chocolate o de azúcar, hacemos calaveritas literarias que hacen alusión a la muerte ficticia de un personaje famoso o de agua persona cercana a nosotros. 

Los mexicanos por todo hacemos fiesta, por todo nos reímos, a la muerte misma le ponemos apodos como “la flaca”, “la huesuda”, “la catrina” y la hacemos parte de nuestras celebraciones, antes de que ella nos haga parte de su mundo.

 

“La muerte está tan segura de alcanzarnos, que nos da toda una vida de ventaja” 

 

 

**Lo cítricos representan, en un altar de muertos tradicional, la amargura de la muerte.**

 

 

 


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