Siguenos

La regla puede doler como un ataque al corazón. ¿Por qué no se investiga más?

Las mujeres no se quejan, dice una fundación británica. Algunas de las soluciones pasan por cortar la regla

 AUTORA: IDOIA SOTA

Ha llegado la hora de hablar abiertamente del dolor de la regla. Todos los meses -enunciaba provocadora la periodista Olivia Goldhill en un artículo en Quartz- todas las mujeres de tu entorno que se encuentran entre la pubertad y la menopausia sangran por la vagina. Es una de las cosas más básicas de la naturaleza. Y sin embargo, una conversación incómoda.

De forma silenciosa y políticamente correcta miles de mujeres padecen cada mes dolores menstruales muy serios. No una molestia; dolor de verdad. Esto tiene un nombre clínico -dismenorrea- y puede llegar a interferir en la vida diaria de estas mujeres que representan entre el 20% y el 50% de la población femenina, según sus grados de gravedad.

¿Cómo de grave es ese dolor? Responde el doctor Javier de Andrés, coordinador de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario de la Paz, en Madrid: “Puede asemejarse al de un ataque al corazón, un dolor en la pleura -el tejido que recubre el pulmón-, una apendicitis, un cálculo renal o una gastritis, todos ellos dolores viscerales”.

Una agonía que nos han enseñado a callar. En mi caso el dolor supera con creces al de la gastritis o al del cálculo renal, patologías que he experimentado. Una mañana me desperté con todos los síntomas que se enumeran para describir la dismenorrea: sudores fríos, vómitos, diarrea, dolor de espalda y piernas, espasmos pélvicos...

No podía levantarme, pero necesitaba ir al baño. Doblada en 90 grados recorrí la casa en busca de uno o dos ibuprofenos que no encontré. El camino que llevaba hasta la farmacia lo hice sujetándome a la pared y en cuanto llegué caí al suelo retorcida por el dolor. Ya en el hospital, el ginecólogo que me atendió de urgencia me dijo que lo que había pasado se podía asemejar a un parto. Cada mes, tomo fármacos que me permiten ir a trabajar, pero no siempre a tiempo y no sin dolor.

Los dolores viscerales, explica De Andrés, son difíciles de describir y de focalizar: “Así como en un ataque al corazón duele el brazo, con la dismenorrea el espasmo se extiende a otras áreas”, como la espalda o las piernas. “Es lo que llamamos dolor referido, que se produce por inervación [la acción del sistema nervioso sobre los órganos]”.

Alguna vez he comentado estos dolores en mi entorno. En ocasiones he recibido gestos torcidos, incómodos por la conversación. Entre las mujeres, historias como las de una amiga diagnosticada de endometriosis que durante años, y por indicación de su madre, consideró que eso era “lo normal” (como medida de referencia, el 20% de las mujeres con endometriosis tiene que pasar por una unidad del dolor). Otra mujer me contaba que su médico de cabecera le llegó a decir que estaba exagerando.

Fuera de las consultas médicas puede ser mucho peor. Recientemente, la empresa de Bristol Coexist anunciaba que daría días de baja a las empleadas que lo necesitaran durante los días de la menstruación, pero hay quienes lo interpretaron como una medida para evitar la crispación en el ambiente laboral.

El silencio no solo provoca desconocimiento e incomprensión. Ha hecho que la investigación médica de la regla sea insuficiente. Así lo reclama Deborah Mason de Wellbeing Women,una fundación británica que viene financiando la investigación en salud reproductiva “Hay poca investigación y, por tanto, información nueva sobre la materia, en parte porque las mujeres no se quejan”.

De Andrés reconoce que “se estudia poco la menstruación, específicamente; aunque sí se trabaja para mitigar los dolores viscerales en general, y estos avances se aplican del mismo modo a la dismenorrea”.

 

La edad importa

La dismenorrea, según explica Juan Troyano, presidente del Comité Científico de la SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia), puede ser -según la edad de la mujer- primaria o secundaria.

La dismenorrea primaria se puede desarrollar aproximadamente hasta los 20 años y se produce cuando el cuello uterino es muy angosto: la sangre se queda en la cavidad uterina y se convierte en un cuerpo extraño que el útero trata de expulsar.

Cuando los dolores aparecen en edad adulta con o sin síntomas en los años anteriores, se habla de dismenorrea secundaria, cuyas causas pueden estar vinculadas a tumores benignos, endometriosis o trastornos inflamatorios provocados por enfermedades de transmisión sexual.

Las mujeres que sufren endometriosis, según informa la Asociación de Afectadas de Endometriosis de Catalunya, pueden tardar hasta nueve años en ser diagnosticadas de la enfermedad, que “en algunos casos puede ser invalidante”. De ahí que quejarse a tiempo sea fundamental.

 

Del ibuprofeno a los derivados de la morfina

Lo más habitual es tratar los dolores menstruales con antiinflamatorios u hormonas. Ambos tienen efectos secundarios: posibles gastritis en el primer caso, efectos sobre la circulación en el segundo. Cuando la dismenorrea es aguda los tratamientos -explica el coordinador de la Unidad del Dolor- se distribuyen en cuatro grados de intensidad:

  • El primero, a base de antiinflamatorios no esteroideos (como el ibuprofeno). En edad temprana se puede administrar de forma crónica -es decir, a diario-, aunque no conviene hacerlo en edades más avanzadas.
  • Cuando el dolor no se soluciona con el tratamiento anterior se pasa a los opioides menores, como el tramadol o la codeína. Estos medicamentos tienen una dosis techo, y de ser necesario rebasarla, habría que pasar al siguiente escalón.
  • En el tercer grado se encuentran los opioides mayores, derivados de la morfina, pero que hay que aplicar solo en determinadas pacientes, pues se trata de un dolor benigno y no oncológico.
  • Por último, si ninguno de los anteriores resulta eficaz, “intervenimos bloqueando el sistema nervioso autónomo -que es todo aquel que no controlamos de forma cognitiva- aplicando un anestésico local en el plexo hipogástrico o en el ganglio de Walter o impar”.

También “se pueden aplicar”, según explica Troyano, “dispositivos intrauterinos como el DIU, que tengan progesterona, una hormona que se emplea para ayudar al desarrollo del embarazo”.

La última opción que se plantea es el tratamiento con moléculas GnRH, que “reducen en más del 50% los síntomas, pero que implican dejar a la mujer sin regla. Hay que tener mucho cuidado”.

“Algunas de las técnicas que utilizamos”, admite el doctor De Andrés, “son peligrosas. Para mí es un éxito conseguir aliviar el dolor un 50%. Pero los pacientes [los de cualquier dolor visceral] siempre quieren más”

 

 

FUENTE: http://www.lavanguardia.com/vivo/salud/20160307/40278804544/dolor-regla-parto-dismenorrea.html

 


adv3 300 x 600

The Best United Kingdom Bookmaker lbetting.co.uk Ladbrokes website review